Desgavell

Define el diccionario de nuestra lengua la palabra desgavell como “desorden completo, despropósito o cosa absurda”. En la serie de artículos en los que utilizo diferentes locuciones valencianas para describir la acción de gobierno de Antonio Francés se me antojaba muy complicado llegar a utilizar esta expresión sin mostrarme como exagerado o tremendista ante la opinión pública. Pero el pasado 31 de enero esa opción surgió de manera espontánea y unánime de la propia sociedad alcoyana: Quin desgavell és este?
Y es que el viaje de nuestro señor alcalde a la bella localidad de Penáguila es sólo la lógica consecuencia del sin sentido que nos gobierna durante una década. Es el culmen de una acumulación de desatinos que hasta la fecha habían pasado de puntillas ante los ojos de los alcoyanos. El principal, quizá, sea el de la en su día publicitada Ciudad Deportiva del Alcoyano, que ha desembocado en la construcción de un campo de fútbol en terrenos privados. De forment ni un grà, es decir, “palabrería sin sustancia”, también encontramos cuando presenta la cubierta de la pista exterior del polideportivo Francisco Laporta como un referente y resulta que ni siquiera previeron su iluminación al inicio de la obra.
Otro proyecto convertido en fullola de moro, léase “que no responde a las expectativas” es sin duda la inteligentísima calle de Entenza, superada no obstante por una ordenanza de peatonalización de toda la ciudad pero de exclusiva aplicación en el Centro aprobada contra la voluntad de los vecinos y de los comerciantes y sin contar con los informes técnicos que el Ayuntamiento acumula en sus archivos.
Una arrancà de cavall fue prometer una gran plaza pública en El Partidor para conciertos y actuaciones teatrales. Por desgracia, la actual parà de somera la ha convertido en solares donde aparcar el coche. Este caso va para récord, porque las expectativas del proyecto de ecobarrio en esa zona van camino de sumar una nueva expresión: bolet. O lo que es lo mismo, “suceso contrario a lo esperado y que causa decepción”.
La pachorra del equipo de Gobierno socialista, incapaz de generar un metro cuadrado de suelo industrial en diez años, seguía activa cuando los familiares de los residentes del Domus Vi les reclamaban atención por las deficiencias que allí existían, recibiendo la callada por respuesta. Fue antes de que el geriátrico se convirtiese en la residencia de mayor mortalidad de España durante la primera ola de la pandemia.
Denunciábamos en su día también el mal talante que muestra el señor alcalde ante las críticas. Cuando no le ballen l’aigua se muestra displicente. De ello pueden dar fe los vecinos de la calle de Casablanca, que se quejaron en el pleno de los problemas de okupación y luego comprobaron que el mismo Gobierno se ofreció a pagar el alquiler a un colectivo que lleva 13 años en un edificio que no es de su propiedad. Más o menos, mira tú por dónde, como el campo de fútbol del polideportivo.
Al señor alcalde, que demuestra obsesión por asociarse a las buenas noticias, es decir, por estar en todas las salsas o anar a missa i repicar, le pasa factura su desaparición en los momentos menos oportunos (para los alcoyanos, no para él, obviamente). El primer ejemplo lo dio cuando fue incapaz de mantener inalterable su agenda en Fitur mientras en la ciudad que dice gobernar se sucedían los desplomes de edificios. Un año más tarde, el desorden completo se escenificó cuando el señor alcalde se marchó a vivir fuera de Alcoy en el momento en el que la ciudad era más duramente golpeada por el Covid 19.
Y como, por desgracia, el desgavell nunca viene solo, ¿imaginan qué hubiera dicho el portavoz de Podemos sólo con que un alcalde del PP hubiera utilizado el coche oficial, a la salida de un oficio religioso, para irse a la casita, de fin de semana con la familia? Parafraseando a un monarca francés presidir un observatorio bien vale una misa.

 

Francisco Cantó es concejal del PP en el Ayuntamiento de Alcoy

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