La fuente de los tres errores
Estos días hemos podido observar en la forma de actuar, en la reparación de la Font Redona, el resultado más claro del funcionamiento habitual del Gobierno de Toni Francés. En primer lugar, surge una contingencia que puede parecer que no es debida a un fallo de la gestión política, de la cual nadie puede en principio responsabilizar al alcalde y sus concejales. Un vehículo choca contra una fuente monumental del siglo XIX y le causa graves desperfectos. El vehículo no puede ser identificado. Efectivamente es un hecho que puede parecer fortuito y la mala acción del conductor de no comunicar el percance es por desgracia más común de lo que todos deseamos. Sin embargo, el hecho pone una vez más en evidencia la falta de vigilancia policial en el conjunto de la ciudad, la mala situación de la plantilla de policía y la falta de mejores medios para su trabajo. Es un accidente, sí, pero el sistema de seguridad ha fallado de forma evidente. Menos mal que la víctima era de piedra y no de carne y hueso.
A partir del accidente de tráfico sabemos que se pone en marcha una investigación para intentar localizar al causante de los daños sobre la fuente, posiblemente sin resultados claros, de tal manera que es el municipio, a falta del responsable directo de los hechos o de su compañía aseguradora, quien debe hacerse cargo de los gastos de restauración de la fuente. Entramos aquí en la segunda, podemos decir que falta, del Gobierno actual de Alcoy. ¿Hay medios propios para llevar a cabo la restauración más fiel de las piezas dañadas? Parece ser que no. Porque mientras se destinan fondos a una larga lista de beneficiados prescindibles para el verdadero bienestar y progreso de la ciudad, se carece a menudo del dinero necesario para acometer sin ayuda externa la reparación de un monumento, se carece de medios para contar con una brigada de obras que pueda actuar con las mejores condiciones técnicas y equipamiento.
Suele decirse que quien hace lo que puede no está obligado a más, inspirados por esta justificación el Gobierno de Toni Francés emprendió a principios de este mes la recomposición del brocal de la Font Redona en una admirable chapuza que sonrojaría a Pepe Gotera y Otilio. Eso sí, sin dejar el oportunismo de publicar en redes sociales una imagen del señor alcalde observando cómo se montaba el puzle, acompañada de un bello relato “(el) antiguo abrevadero y punto integrado en las rutas turísticas de la ciudad, recuperará pronto su aspecto habitual para restablecer la normalidad en este espacio emblemático”.
Si el “aspecto habitual” de la fuente es más parecido al de una taza de porcelana, rota y pergeñada con pegamento, que al de aquella fuente que fue hito e icono de la entrada a Alcoy desde Alicante, entra dentro la coherencia del paisaje urbano que ha generado Toni Francés en sus ya largos quince años de gobierno, paisaje en el que mientras se yerguen costosos ascensores auspiciados por Europa, de futuro incierto, se dejan en la mayor de las incurias nuestros monumentos más relevantes. Otro día hablaremos del Castell de Barxell.
Lo ocurrido con la Font Redona puede considerarse como la punta del iceberg o la anécdota que acusa a todo un sistema poniendo en evidencia tres errores: falta de vigilancia, mala gestión económica y mal criterio de conservación de nuestro patrimonio. Tres errores que son transversales al conjunto de la gestión de la mayor parte de nuestro patrimonio arquitectónico. Uno se pregunta en este punto, que era final ¿Si un particular reparara una fachada protegida como el Ayuntamiento el brocal de la Font Redona, quedaría libre de su denuncia? Señor alcalde, dé ejemplo de cómo se debe restaurar un monumento.
GABRIEL GUILLEM. Concejal del PP en Alcoy
