Cristina Narbona, Sanus, Trillo y el Riquer
En ocasiones parece que el tiempo lo cura todo. El pasado martes, el exalcalde Josep Sanus, padre del encauzamiento y urbanización del tramo del río Riquer, proyecto al que dedicó más de diez años y con el que tragó dosis de cicuta servida en bandeja de amianto por Zaplana y Peralta, por fin tuvo un reconocimiento sobre el terreno. Comenzó a trabajar en este proyecto, el más importante económicamente en la historia de la ciudad, 29 millones de euros, tras la gota fría de 1986, pero no fue invitado en 2002, a la colocación de la primera piedra por el ministro Jaume Matas, siendo alcalde Miguel Peralta, ni lo fue en 2006, cuando fue inaugurado en un acto protocolario, con el delegado del Gobierno como máxima autoridad asistente, con Zapatero presidente en Madrid y Amando Vilaplana de líder del PSOE alcoyano, mientras en la alcaldía gobernaba Jordi Sedano y en Valencia un tal Zaplana.
A la inauguración, inicialmente, estaba prevista la asistencia de la entonces ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona, pero un grupo de ingenieros, entre ellos el director de la obra del Riquer, sufrió un grave accidente y se aplazó el acto previsto para el 21 de julio de 2006. Hubo que esperar al 19 de septiembre para la inauguración, pero sin ministra, de ahí que su visita del martes fuera un reencuentro y, en esta ocasión, con la presencia de Josep Sanus. Han pasado nada menos que 20 años.
El exalcalde y la exministra fueron compañeros en el Congreso de Diputados en 1996, pero además, Narbona fue secretaria de estado de Medio Ambiente entre 1993-1996, cuando se fraguó el proyecto ahora visitado.
El 21 de enero de 1995, la asamblea de militantes del PSOE alcoyano aprobaba la reelección de Sanus como candidato a la alcaldía por quinta vez. Y fue en esta asamblea cuando el alcalde anunció, para la siguiente legislatura, cuatro grandes proyectos para Alcoy: Un diseño de Calatrava para el puente entre Zona Nord y el Viaducte; un auditorio en Santa Rosa del internacional Feduchi; la circunvalación, por fin, y el encauzamiento del río Riquer. El puente se quedó en una pasarela con curvas y cuestas y el auditorio en un sueño de verano transformado en sudoku, pero se logró la circunvalación y el encauzamiento del río. La gota fría de 1986 fue una lección para que la ciudad prestara atención a sus ríos, barrancos y laderas. Y fueron, desde esa fecha, muchas las actuaciones, pero no todas. Seguimos esperando al encauzamiento hasta el nacimiento del Serpis, prometido hasta la saciedad política.
Y en este apunte de memoria, importante es dejar constancia de que el arquitecto Manolo Vidal jugó su papel en una nueva mirada a los ríos de Alcoy y que La Carrasca –una vez más– vigiló, criticó y denunció aspectos del proyecto, llegando a presentar una queja ante la Comisión Europea del Medio Ambiente, logrando, al menos, que el río no quedara todo canalizado. Y recordar también que Quico Carbonell, concejal y sanusista, buscando justicia, abordó al ministro Jaume Matas para reprocharle que en la primera piedra del encauzamiento no se mencionara ni una sola vez a Sanus, artífice ideológico del proyecto. Pero claro, eran tiempos de Peralta y Zaplana, quienes en 1996 pararon el proyecto “porque no lo veían de interés para la Comunidad”.
Sanus, a la desesperada, recurrió a Federico Trillo, buscando auxilio y socorro para Alcoy y sabiendo que Zaplana no era santo de su devoción. Y obró el milagro. Trillo consiguió rescatar el proyecto en Madrid y el consejo de ministros del 15 de enero de 1999 da luz verde a la obra de mayor cuantía llevada a cabo en Alcoy.
Trillo lograría poco después la declaración de Entidad de Utilidad Pública para la Associació de Sant Jordi, sumando valores que llevaron a nombrarle Hijo Adoptivo de Alcoy, con el voto en contra de Esquerra Unida.
Ver en el cauce verde del Riquer, con mejoras, a Cristina Narbona y Josep Sanus, ayuda a que no perdamos la memoria.
RAMÓN CLIMENT. Periodista en reposo