Mucho se ha escrito del jugador nº 12, de que el deporte no se entendería de igual manera sin sus hinchas o que la industria deportiva mundial no se sustentaría —o no habría alcanzado los índices de popularidad actuales— sin los aficionados como motor económico principal.
La experiencia demuestra que el deporte profesional podría disputarse sin público, como se comprobó durante la pandemia de 2020, pero perdería gran parte de su esencia sin los aficionados. Un buen ejemplo de que se consume más deporte en directo que nunca fue la última fase final de la Copa del Rey de baloncesto, celebrada el pasado fin de semana en el Roig Arena, donde se batieron todos los récords de asistencia con más de 100.000 aficionados pasando por sus gradas.
Entre ellos, dos muy especiales: los alcoyanos Jordi Gomis y Quique Ferre, amigos desde la etapa de estudiantes que desde hace casi dos décadas no se pierden ninguno de los grandes eventos deportivos celebrados en territorio europeo.
Todo comenzó en 2008, en aquella recordada Eurocopa en la que España puso fin a 44 años sin ganar un trofeo internacional. Entre los presentes en la eliminatoria de cuartos contra Italia, que cambió para siempre la historia del fútbol español, estaban ellos dos, que junto a otros dos amigos recorrieron en una autocaravana alquilada la distancia que separa nuestra ciudad de Viena.
Los cuatro, ataviados con una llamativa malla roja muy ceñida al cuerpo y un tutú amarillo, una vestimenta que desde entonces les identifica y con la que buscan el “buenrollismo” entre la marea de aficionados. Repitieron experiencia en la Eurocopa de 2012, también ganada por España, y desde entonces ha sido un no parar. Ese mismo año firmaron un doblete al asistir también a los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro.
En el verano de 2024 decidieron echar el resto en los Juegos de París, donde, según confiesa Jordi Gomis, vivieron los “doce días más increíbles” de sus vidas por la cantidad de experiencias acumuladas.
En la capital gala incorporaron un nuevo elemento a su ya estrambótico “look”: un gorro de waterpolo encontrado en una web especializada. Un detalle diferencial que causó furor y dejó escenas surrealistas, como cuando dos “gendarmes” parisinos quisieron fotografiarse con ellos, intercambiando complementos entre risas y convirtiendo el momento en una de las anécdotas más comentadas del evento.




Otro momento para el recuerdo fue la semifinal frente al Holanda camino del primer oro olímpico del waterpolo femenino español. El partido se decidió en los penaltis y con la euforia del momento, no se les ocurrió otra cosa que bajar a pie de piscina a festejar junto a las jugadoras del equipo español el pase a una final olímpica. “Nos lo agradecieron que fuéramos con un gorro de waterpolo. No solo ellas, también sus familias. Fue muy emocionante y un momento que siempre recordaremos. Luego todo el equipo se fotografió con nosotros”, recuerda Jordi Gomis.
La prueba que cada vez pasan menos desapercibidos fue lo sucedido el pasado fin de semana en Valencia. “No es por presumir, pero hubo momentos que no dábamos abasto”, desvela.
Los reporteros de Dazn les entrevistaron en la previa de la final y en los numerosos barridos de imágenes de las dos aficiones se les pudo ver en la zona que ocupaban los seguidores del Real Madrid. “Había estado en cinco fases finales de Copa del Rey de fútbol sala y otros eventos, pero lo que se vive en la Copa del Rey de baloncesto no es comparable. Es una auténtica fiesta para el aficionado y sin ningún mal rollo”, confiesa Jordi Gomis, que ya empieza a hacer planes de futuro.
El Mundial de fútbol de este verano en Estados Unidos se desechó hace tiempo, igual que también los Juegos de Los Ángeles 2028 por los elevados costes, pero ya tienen alternativas, además ración doble: la fase previa del Europeo de balonmano en Valencia y la Eurocopa de Inglaterra. Aunque el gran reto de ambos es el Mundial de fútbol de España de 2030. “Queremos ahorrar lo suficiente para que nos pueda dar para estar un mes entero fuera de casa”, asegura.