“El gran reto es detectar el cáncer antes de que aparezca”
Entrevista a la investigadora alcoyana Lara Sanoguera, que trabaja en Valladolid estudiando mutaciones genéticas vinculadas al cáncer de mama hereditario
La curiosidad científica de Lara Sanoguera tiene un origen íntimamente personal. Varios miembros de su familia fallecieron a causa del cáncer y aquella experiencia marcó su camino. Tras la muerte de su abuelo, decidió que quería entender mejor esta enfermedad. Estudió Bioquímica y Ciencias Biomédicas en Valencia y, con el tiempo, su trayectoria la llevó hasta Valladolid, donde trabaja en un laboratorio dedicado a investigar principalmente el cáncer de mama. Allí ha centrado su doctorado en el estudio de las mutaciones genéticas que pueden provocar cáncer hereditario.
– Su investigación se ha centrado en el cáncer de mama hereditario. ¿En qué consiste el trabajo que realiza en el laboratorio?
– Uno de los grandes problemas en las familias con cáncer de mama hereditario es que en ocasiones sabemos que hay una predisposición genética, pero no conseguimos identificar cuál es la mutación concreta que se está heredando. Es decir, hay un cambio en el ADN que aumenta la probabilidad de desarrollar cáncer, no solo de mama, también de próstata o colorrectal, pero todavía no sabemos cuál es. Mi trabajo ha consistido en rastrear los principales genes asociados a este tipo de cáncer para intentar localizar nuevas mutaciones vinculadas a la enfermedad.
– ¿Por qué es tan importante localizar ese origen genético?
– Porque permite actuar antes de que aparezca la enfermedad. Si sabemos qué mutación tiene una familia, podemos analizar a los familiares y saber quién es portador y quién no. A partir de ahí se pueden aplicar medidas de prevención mucho más estrictas. En algunos casos se realizan controles médicos más frecuentes y en otros incluso cirugías preventivas, como mastectomías o extirpaciones de ovarios. Es lo que hizo en su día Angelina Jolie. Pero para poder tomar esas decisiones primero hay que conocer la mutación.
– Durante su tesis se han identificado varias mutaciones vinculadas a esta enfermedad. ¿Qué impacto pueden tener estos hallazgos?
– Tienen impacto en el diagnóstico y en el tratamiento. Sabemos que ciertos tratamientos funcionan mejor cuando el cáncer presenta determinadas mutaciones genéticas. Pero para aplicar esas terapias primero hay que saber si esa mutación está presente. Por eso es tan importante generar datos y compartirlos. Nosotros publicamos nuestras investigaciones y esas mutaciones pasan a bases de datos públicas que utilizan médicos de todo el mundo para orientar el diagnóstico genético. En una ocasión coincidí con una oncóloga que me dio las gracias porque había utilizado datos de nuestra investigación para poder confirmar el diagnóstico genético de una paciente en Italia. Esos momentos son muy gratificantes.
– El cáncer es una enfermedad muy compleja. ¿Cuáles son hoy los grandes retos científicos?
– El cáncer no es una sola enfermedad, sino muchas. Cada tumor tiene características distintas y muchas dependen de la genética de cada persona. Ahora mismo uno de los grandes retos es el diagnóstico precoz. Detectar la enfermedad antes de que se manifieste. Por ejemplo, mediante biomarcadores en sangre que nos permitan identificar señales tempranas del cáncer.
– ¿Cómo es el día a día de una investigadora que trabaja con ADN en el laboratorio?
– Es bastante parecido al de cualquier otro trabajo. Madrugas, entras al laboratorio y empiezas con los experimentos. Hay días muy motivadores, cuando los resultados salen bien y ves que estás avanzando. Y otros días en los que nada funciona. La ciencia tiene muchas decepciones, como problemas de financiación, proyectos que no salen adelante, o experimentos que fallan, pero cuando algo funciona, esa sensación compensa todo lo demás.
– ¿Cómo se gestionan esos momentos de frustración?
Es fundamental saber desconectar. A mí me ayuda mucho rodearme de personas que no están en el mundo científico. Cuando sales del laboratorio, te olvidas un poco del experimento que no ha salido bien, te recargas de energía y al día siguiente vuelves a intentarlo.
– También ha destacado por su labor divulgativa. ¿Por qué es importante explicar la ciencia?
– Porque la investigación muchas veces es invisible para la sociedad. La gente conecta más con el médico que le atiende en el hospital, pero no siempre sabe todo el trabajo que hay detrás en los laboratorios. Además, en ciencia los avances no son tan rápidos como nos gustaría. Para llegar a un resultado positivo primero hay muchos intentos fallidos, y eso es algo que también hay que explicar.
– En los últimos años ha recibido premios por su capacidad para comunicar ciencia. ¿Qué suponen?
– Yo siempre he sido muy vergonzosa, así que al principio fue un reto enorme. La primera vez participé en el concurso ‘Tu tesis en tres minutos’ y tenía que explicar todo mi doctorado en ese tiempo. Cuando ves que la gente conecta con lo que cuentas y percibe la pasión que tienes por tu trabajo, eso te da mucha energía.
– La financiación suele ser una de las grandes preocupaciones de los investigadores.
– Sin duda. Muchas veces tenemos que hacer malabares para sacar adelante los proyectos. Además, las ayudas suelen tener muchas limitaciones sobre en qué se puede gastar el dinero. Ahora mismo, por ejemplo, en nuestro laboratorio estamos entre proyectos y tenemos que ser muy prudentes con los gastos.
– Si mira hacia el futuro, ¿cómo le gustaría que evolucionara su carrera científica?
– Sobre todo me gustaría tener estabilidad. Es uno de los grandes problemas de la investigación. Muchas veces te exigen movilidad constante y no siempre es fácil marcharte al extranjero sin saber si podrás volver. A largo plazo me gustaría combinar investigación y docencia en la universidad, porque eso te da más estabilidad y te permite seguir trabajando en el laboratorio.
– ¿Sigue teniendo la misma motivación que cuando empezó?
– Sí. A pesar de las dificultades, sigo siendo una apasionada de la ciencia. En España se pueden formar científicos de altísimo nivel. Es un camino exigente y a veces frustrante, pero cuando sabes que tu trabajo puede ayudar a entender mejor una enfermedad como el cáncer, merece la pena.
