El viento que no da tregua: Alcoy frente a un invierno de borrascas encadenadas
Rachas de hasta 140 km/h, alertas continuas y actividades suspendidas. Las causas, según los expertos, combinan factores atmosféricos poco habituales con una tendencia clara hacia fenómenos más extremos
Alcoy ha vivido en las últimas semanas un escenario meteorológico poco común incluso para una ciudad acostumbrada a los contrastes climáticos. Entre el 11 y el 14 de febrero, la capital de l’Alcoià encadenó cuatro días consecutivos de fuertes vientos, con rachas que alcanzaron los 140 km/h en algunos observatorios de la red de Avamet. En el casco urbano, donde la orografía suele amortiguar algo más estos episodios, también se superaron los 100 km/h durante tres jornadas seguidas.
Estos registros se suman a una sucesión de temporales que han obligado a activar alertas meteorológicas y a suspender actividades y hasta el carnaval de Muro. La pregunta se repite entre la ciudadanía: ¿es normal tanta persistencia del viento en pleno invierno? Para el climatólogo Jorge Olcina, director del Laboratorio de Climatología de la Universidad de Alicante, la respuesta tiene matices claros. “Es normal que en invierno se desarrollen borrascas, pero no lo es que en apenas seis semanas hayamos sido afectados por hasta nueve borrascas significativas, algo sin precedentes desde que hay registros en España”, explica.
Estas borrascas reciben nombre oficial cuando, en algún momento de su evolución, generan vientos superiores a 90 km/h, un umbral que marca su elevada energía. En lo que va de año, esa energía ha sido especialmente persistente. Y en comarcas como l’Alcoià-Comtat, el viento se deja sentir con mayor intensidad. La razón está en la geografía. “La orografía es fundamental para entender el clima. Las montañas canalizan el viento por pasillos naturales, pequeñas vaguadas, y hacen que gane velocidad, sobre todo a mayor altitud”, señala Olcina. No es casualidad que este territorio sea uno de los que registra rachas más intensas de la provincia de Alicante durante temporales de este tipo.
Pero ¿qué ocurre en la atmósfera para que el viento sople con tanta fuerza durante días? El experto apunta a la corriente en chorro o vórtice polar, una autopista de vientos situada a más de 8.000 metros de altura. Este invierno, dicha corriente ha descendido a latitudes más bajas de lo habitual, alrededor de los 30-40 grados norte, atravesando de lleno la península ibérica y arrastrando sucesivas borrascas desde el Atlántico hasta el Mediterráneo.
Cambio climático
La relación con el cambio climático es cada vez más evidente. “Estas borrascas han movido mucha energía, en conexión directa con el calentamiento de las aguas marinas”, explica Olcina. El Atlántico y el Mediterráneo más cálidos transfieren más vapor de agua y calor a la atmósfera, intensificando lluvias y vientos. Fenómenos como los llamados ríos atmosféricos han dejado precipitaciones récord en zonas como Grazalema y han garantizado reservas hídricas abundantes en buena parte del país.
De cara al futuro, las proyecciones no invitan a la complacencia. La cuenca mediterránea es ya un “hotspot” climático y todo apunta a un aumento de eventos extremos, incluidos temporales de viento como los de este invierno. Por ello, el mensaje a la población es claro: no banalizar las alertas. “Cuando los avisos son naranjas o rojos, hay que hacerles absoluto caso. Están pensados para salvaguardar la vida humana”, recuerda Olcina, subrayando la importancia de la educación, la prevención y la atención constante a los avisos oficiales de AEMET.
