La justicia determina negligencia médica en la muerte de un bebé
Luca, el hijo de Jeanette Botí, nació el 17 de diciembre de 2021 sin respirar. Tras la sentencia del TSJCV asegura estar “en paz porque tengo mi verdad”
Cinco años han pasado del nacimiento, y posterior fallecimiento, de Luca, el hijo de Jeanette Botí y su pareja, Jose Bañon. Fue el 17 de diciembre de 2021 cuando nació Luca, en el Hospital General Universitario Virgen de los Lirios de Alcoy. Lo hizo sin respirar y sin llorar. Tras activar los protocolos de reanimación, a los 10 o 15 minutos se consiguió latido, según relata Botí.
Sin embargo, seguidamente “vinieron la matrona y el pediatra y me dijeron que había algo genético”.
Luca fue derivado a Alicante. Allí se comprobó que todos los órganos le funcionaban correctamente excepto el cerebro, que todo indicaba que “se había quedado sin oxígeno”.
El 21 de diciembre el pequeño Luca falleció tras ser desconectado de la máquina que le mantenía con vida en el centro hospitalario alicantino.
Ya en 2022, la autopsia reveló una hipoxia durante el parto.
La necesidad de respuestas determinantes y de conocer realmente la causa de lo ocurrido, junto a tener la información de la citada autopsia, llevó a Botí y a su pareja a denunciar.
El Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana ha determinado la existencia de negligencia durante el parto por un seguimiento del feto “no adecuado”.
La sentencia, que ya es firme, al haber concluido el plazo para presentar un posible recurso de casación, impone una indemnización de 185.962 euros a la Generalitat.
Ahora, Jeanette Botí asegura estar “en paz porque tengo mi verdad”, sin embargo, no se olvida del largo camino hasta llegar a este punto: “me ha costado mucha terapia poder hablar de esto” y remarca que ha decidido hacer público su caso “para que se cambie algo” y para tratar de evitar que esto le pueda pasar a otra familia.
RELATO DE LO OCURRIDO
Volviendo a ese 17 de diciembre, Botí relata que cuando se puso de parto, fue al Hospital de Alcoy.
Señala que su idea era la de un parto lo más natural posible, sin epidural y en bañera. “El latido del bebé muchas veces se quitaba”, indica, respecto a la monitorización.
“Yo pensaba que todo iba bien, y si es así no hace falta monitoreo constante, pero claro, cuando hay deceleración, que eso es que el corazoncito baja, ahí hay que tener monitorización constante y tienen que sacarme de la bañera. No se hizo ninguna de las dos cosas, todo eso va indicando que el nene no está tolerando bien el parto, que necesita ayuda”, argumenta.
Centrada en el proceso que estaba viviendo, apunta que “tenía claro que iba a confiar en la persona que me estaba tratando allí”, que en este caso era la matrona, además de ser familiar suyo.
EL DESPUÉS
Tras el fallecimiento de Luca comenzó un duro proceso de duelo y de búsqueda de respuestas, que pasó también por la petición de documentación por parte de Botí: “había tan poca documentación del parto. Se debería haber hecho un partograma y no se hizo, se debería haber monitorizado correctamente, y no se hizo. Lo poco que había indicaba que estaba mal”.
Botí, que en aquel momento trabajaba en Dublín como matrona, remitió la documentación de la que disponía a sus compañeros para conocer su opinión. La respuesta de estos fue “denuncia”.
A esto se le sumó que la psicóloga a la que acudió tanto Botí como su pareja les argumentó que “para superar el duelo hay que buscar la causa, y si para nosotros no era algo genético, por qué no intentarlo. Me sentía culpable de que la persona que me había atendido era familia. Antes de denunciar fui a encontrarme con esa persona dos veces, me trató de loca. Le dije: lo siento mucho, voy a intentar no hacerte daño, pero necesito que alguien me reconozca que esto no está bien hecho”.
De ahí también que la vía judicial escogida no estuviese relacionada con una acusación directa a la persona en cuestión.
Finaliza señalando que otro objetivo es “que la gente pueda reflexionar, que si sienten que no es verdad, que luchen. Yo me hubiera quedado con que es genético y ya está, y me lo cargo yo. Soy la primera que puedo entender que una persona tenga un error, pero cuatro años y sigue sin ver el error…lo que me está diciendo es que no han reflexionado sobre lo ocurrido para que no vuelva a pasar”.