Líneas imaginarias, problemas reales

Días atrás asistí a la segunda entrega sobre la problemática que suscita la construcción de un polígono industrial en la Canal —cuando llevas tres ponencias sobre el tema te cuñan una bula y ya no vuelves a hacer cola en ninguna churrería de ámbito autonómico—. En la primera mesa redonda, la de febrero —«Taula redona al voltant de la Canal»—, los empresarios apelaron al ADN alcoyano para justificar la necesidad de que el suelo industrial que reclaman, se instale, sí o sí, dentro de nuestros límites municipales —esas simpáticas líneas imaginarias que parecen ser determinantes en esta cuestión—. Entre sus argumentos parecía pesar mucho el agravio de ver como otros municipios nos pasan por delante en lo que al desarrollo de grandes superficies industriales se refiere. A mí, que solo soy alcoyana al 50% —el otro 50% soy injertada de un señor de Murcia, o tal vez fuera de Castellón—, el argumento en cuestión no me puso los pelos como escarpias, como cabía esperar. A la segunda mesa redonda, la del lunes —«Taula redona sobre el sòl industrial a la comarca»— acudí emocionada y con cierta antelación, sabedora de que ya había corrido el rumor en lo que a lo de la bula se refiere, hasta el punto que alguna autoridad municipal de este gobierno que se pone de perfil ante un tema que atañe y mucho a nuestra sociedad, decidió dejarse caer —por lo que parece también les gustan los churros—. Al igual que en la sesión anterior, los industriales reiteraron su demanda de suelo y lo hicieron insistiendo en que necesariamente debía ser alcoyano, puro y de cepa. Y cualquiera que se oponga, aun basándose en la posibilidad de que la ubicación que se está barajando pueda comprometer el futuro del acuífero del Molinar, del que bebemos todos —bendito líquido licuado entre montañas—, parece ser que se opone al progreso.

Desconozco muchos aspectos técnicos de este debate, que espero acabar de discernir en la tercera temporada, pero sin duda estoy convencida de que un pueblo sin agua está abocado al desastre. También de mi pasado como técnico de un espacio natural protegido, conservo el respeto y el valor que le doy al lugar en el que vivo, un enclave privilegiado, rodeado de montañas, que es la razón por la que vivo aquí. Aclararle al señor Gisbert, uno de los defensores de la necesidad de suelo industrial en Alcoy, en lo que a su preocupación por la clamorosa fuga de cerebros que nuestra ciudad del adoquín recurrente está experimentando, que, de mi grupo de WhatsApp de amigos universitarios, todos ellos, salvo servidora, oriundos de Valencia—una de las ciudades con mayor calidad de vida—, todos ellos sin excepción, finalizados sus estudios de ingeniería, decidieron irse y fugarse, cerebro incluido, a ciudades tan poco industriales como Chella, La Vila o Dénia, entre otros destinos. Porque la migración por motivos laborales existe y obedece a múltiples causas y porque cada ser humano tiene unas necesidades vitales que cubrir. Y la industria será una de ellas, pero no la única.

Dicho esto y resumiendo: progreso sí, pero no a cualquier precio. Alcoy lideró el desarrollo industrial de esta comarca en su momento, en una demostración de valentía e ingenio de aquellos pioneros que supieron sacarle partido a una orografía particularmente difícil. Ahora que justamente esa orografía dificulta la instalación de empresas en el núcleo urbano y alrededores, ahora que municipios cercanos como Ibi sí disponen de esas grandes parcelas que podrían satisfacer la demanda de los empresarios alcoyanos mi pregunta es: siendo que los futuros trabajadores van a tener que desplazarse igualmente a la zona de la Canal, para suministrar de mano de obra, cualificada o no, a las hipotéticas empresas que se ubiquen en ella, ¿qué más da que lo hagan unos metros más allá, qué más da el término municipal, si este reúne los requisitos que parece ser demandan las industrias alcoyanas en cuanto a conexiones y superficie mínima? Será que mi ADN no es lo suficientemente alcoyano, pero para mí ninguna solución que comprometa un bien esencial como es el agua —o la biodiversidad o el paisaje— es válida. Mi humilde opinión.

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