Ni primavera ni otoño logran salvar el balance de lluvias del 2025

De nuevo por debajo de 500 litros. La lluvia se concentra en pocos episodios mientras crecen los periodos secos

Ni primavera ni otoño logran salvar el balance de lluvias del 2025
Un hombre se refugia bajo un paraguas. ALDEMAR

Con 432,6 l/m² según el pluviómetro del Círculo Industrial, el año 2025 se sitúa claramente por debajo del umbral de los 500 litros que históricamente se ha considerado un registro óptimo en Alcoy. El déficit ronda los 65–70 litros por metro cuadrado, lo que equivale a más de un mes completo de lluvias medias perdido a lo largo del año.

Si se compara con la media histórica reciente situada en torno a los 492 l/m², el balance sigue siendo negativo, confirmando que 2025 no puede calificarse como un año húmedo, sino moderadamente seco, aunque lejos de los mínimos más extremos del último siglo.

Además, la mayor parte de la lluvia se concentra en primavera y otoño, con marzo y octubre como meses clave. El verano aparece prácticamente en blanco, reforzando un patrón de largos periodos secos interrumpidos por lluvias intensas, un rasgo cada vez más acusado en el clima mediterráneo interior.

El gráfico desde 1930 muestra que 2025 se inscribe en una amplia franja de años con déficit moderado, muy lejos de ejercicios especialmente lluviosos —con superávits superiores a los +300 l/m²—, pero también por encima de los grandes años de sequía que marcaron mínimos históricos, especialmente en las décadas de 1980, 1990 y primeros 2000. En este contexto, 2025 no destaca por un desplome extremo de las precipitaciones, pero sí consolida una tendencia: los años que alcanzan o superan los 500 l/m² son cada vez menos frecuentes y dependen de episodios muy concretos y concentrados.

El análisis combinado del reparto mensual y la comparación histórica refuerza una idea clave: una parte sustancial del agua anual sigue dependiendo de muy pocos episodios intensos. En 2025, sin las lluvias de marzo y, sobre todo, el episodio extraordinario de octubre, el déficit respecto a la media histórica habría sido mucho más acusado.

Este patrón ya se observa claramente en la serie desde 1930: los años con superávit suelen estar ligados a uno o dos episodios excepcionales, mientras que los déficits se repiten cuando esas situaciones no llegan a producirse.

El gráfico evidencia además que, tomando como referencia los 500 l/m², la mayoría de los años recientes quedan por debajo de ese umbral, frente a una primera mitad del siglo XX con mayor alternancia entre superávits y déficits. Esto refuerza la percepción local de que los “años buenos de lluvia” son cada vez menos habituales y más irregulares.

En definitiva, 2025 vuelve a dibujar un escenario ya habitual en Alcoy: lluvias insuficientes para alcanzar los niveles óptimos, distribución muy irregular a lo largo del año y una creciente dependencia de episodios puntuales e intensos para sostener el balance anual. No ha sido un año extremadamente seco, pero sí encaja en una dinámica de déficit persistente que reflejan los datos históricos y que condiciona cada vez más la gestión del agua y del territorio.

El balance pluviométrico del pasado año pone así de manifiesto la brecha entre las necesidades en cuanto a gestión del agua y la realidad climática. Con un acumulado claramente por debajo de los 500 litros de referencia, el año confirma que el déficit deja de ser un fenómeno aislado, para consolidarse como una situación cada vez más recurrente. La dependencia de episodios intensos para mantener el balance anual y la prolongación de periodos secos plantean retos directos para la gestión hídrica y las estrategias de adaptación al cambio climático, tanto desde el ámbito municipal como en otro más general.