“No era el entrenador de la propiedad y me equivoqué renovando”
Vicente Parras rompe su silencio un año después de su cese
A finales de la pasada semana se cumplió un año de una de las decisiones con peores consecuencias que se recuerda para el Alcoyano. En una temporada con el presupuesto más alto de la historia, se acabó bajando de categoría, pero lo peor de todo fue la desafección y el distanciamiento que se generó en la masa social. El anterior dueño tuvo que plegar velas y abrir la mano al aterrizaje de una nueva propiedad, con el que se ha abierto una nueva etapa de esperanza dentro del club. Pero de lo que sucedió en aquel 14 de noviembre se tienen algunas certezas y muy pocas realidades, porque todo se silenció por contrato. Vicente Parras ha querido romper el hielo después de tantos meses y recordar aquellos momentos “muy difíciles”, los más complicados de su carrera como entrenador, aunque con perspectiva asegura que le han ayudado a “ser mejor persona” y “entrenador”. Reconoce que se equivocó al renovar contrato, “no era su entrenador”, lo que le llevó a tener que hacerse a la idea de que aquello le podía costar el cese más pronto que tarde. El extécnico, que nunca cita por su nombre a la anterior propiedad, le considera como una persona que “lo quería controlar todo” y cuyo afan hizo que “los jugadores jugaran atenazados” y hubiera “miedo a perder”.
– Se cumple un año de tu cese en el Alcoyano, ¿qué recuerdos tienes de aquel 14 de noviembre?
–Fueron momentos muy duros, uno nunca se lo termina de esperar y más en una situación como en la que estaba, que llevaba tantos años en Alcoy. Veníamos de una racha de dos partidos sin ganar, pero pensaba que la situación no iba a ir más allá de las dos derrotas.
– Con el paso del tiempo como principal juez, ¿qué crees que pasó para que la propiedad tomara la decisión de cesarte con el equipo a cuatro puntos del play-off?
– Lo que pienso de todo aquello es que nunca fui el entrenador de la propiedad. A mi me acepta como entrenador porque era el que estaba en aquel momento, tenía dos años firmados y era un entrenador muy querido en la ciudad, por eso no se atrevió a echarme. No era su técnico y aprovechó la más mínima escusa para destituirme.
– A pesar de que intuías que eso podía suceder, ¿aceptas renovar y ser el capitán del barco de un ambicioso proyecto con el presupuesto más alto de la historia del club?
– Ese fue mi verdadero error, porque yo no tenía que haber renovado. Sabia que podía pasar porque tenía claro que ni la propiedad ni la dirección deportiva me quería como entrenador. La oferta que me hacen para renovar, viéndola con perspectiva, no tenía que haberla aceptado nunca. Sin embargo, pesó que llevaba muchos años en Alcoy, el Alcoyano considero que es mi casa y en aquel momento renunciar a todo ello, a todo lo que se había hecho en los años anteriores, me resultó complicado. Fue una decisión tomada más con el corazón que con la cabeza, pero en el fondo sabía que yo no iba a durar más de nueve o diez jornadas, como así fue. De todo se aprende.
– ¿Se podía hablar de desgaste después de tanto tiempo?
– No lo entendía así. Lo que sí tenía claro era que no contaba con la confianza de la parte de arriba. Hubo momentos buenos, está claro que sí, pero la propiedad tenía en la cabeza otro entrenador, y ese no era yo. Hasta cierto punto la dirección deportiva estuvo conmigo, pero hubo un momento que ya no fue así.
– ¿Entonces eras consciente de que tu continuidad en el cargo tenía fecha de caducidad?
– Salvo que fuéramos líderes desde la jornada 1 a la 38, en cualquier momento tenía claro que podía llegar la destitución. No se explica de otra manera. Tenía el apoyo del vestuario y de los jugadores. Era lo que sentía.
– ¿Imagino que sería una carga muy pesada en el día a día?
– Como entrenador al final aprendes a manejar las situaciones del día a día. Los tres primeros años estuve trabajando con total libertad, hacía y deshacía, la relación con la dirección deportiva era buena, había un respeto por mi trabajo. Luego vino una forma de trabajar que se ha demostrado que no funciona, que limita demasiado a los profesionales, que quiere estar encima de todo y controlándolo todo y que a los profesionales no dejaba esa tranquilidad que se necesita para poder sacar el máximo rendimiento. En un principio pensé que sí podía funcionar, que venía con experiencia del fútbol profesional, pero a medida que fueron pasando los meses te ibas dando cuenta de que no era así. Hubo momentos en los que tuvimos algo más de libertad y conseguimos el objetivo de salvar la categoría, pero cuando la situación cambió, volvió a limitarnos en muchos aspectos. Los resultados no llegaban y los jugadores estaban atenazados. Todo el mundo estaba con miedo a perder, era la realidad, y se ha demostrado que esa forma de Vicente Parras en un partido esta temporada con el Teruel. proceder no funciona.
– ¿Cómo llegaba a condicionar la propiedad en el día a día?
– No hablo dentro del vestuario, es más una cuestión del día a día, en pedir explicaciones a todo, incluso a veces intentando ir más allá. Entiendo que la propiedad quiera saber cosas, pero hay temas deportivos que dependen exclusivamente del entrenador y de los jugadores. Al final si no acabas dando esa confianza y libertad, el equipo acaba resintiéndose. Llegaba un momento que no tenías esa posibilidad de decidir y si te salías de ciertas directrices, sabías que podías tener un problema, y así era complicado trabajar.
– ¿Todos nos ilusionamos mucho y con la perspectiva del tiempo da la impresión que fue una oportunidad perdida?
– Fue una oportunidad perdida porque se invirtió mucho dinero. Personalmente estaba convencido de que iba a meter al equipo en play-off. Los futbolistas estaban conmigo, pero sinceramente sabía que si no estábamos en play-off, terminaría pasando lo que terminó sucediendo. Mi labor dentro del club iba muchas veces más allá de ser el entrenador y era quien tenía que sostener el rumbo. Se fueron tomando decisiones sin ningún sentido. Los sustitutos que me buscan fue una de ellas y anunciaban ruina.
– ¿Qué lecciones sacas de todo aquello?
– Me quedo con los tres primeros años de Alcoy, el aprendizaje que tuve. Los últimos, todavía me refuerzan más en mi idea y mi forma de trabajar de aquellos inicios. Vaya donde vaya a trabajar tengo que hacerlo con la libertad que tuve en esos tres primeros años, de lo contrario no merece la pena aunque sea por todo el dinero del mundo.
– Se habló de tu vuelta, ¿verdaderamente se dio esa situación?
– Yo estaba dispuesto a volver, incluso algún futbolista desde dentro me escribió, pero tenía muy claro que iba a ser imposible. Era una cuestión de egos y los egos iban a impedir que volviera. Tengo el convencimiento de que si hubiera vuelto habríamos conseguido la salvación porque los jugadores estaban conmigo.
– ¿Destitución al margen, es incuestionable que tu etapa en el Alcoyano terminó dejando una huella profunda?
– Es algo que no olvidaré y siempre estaré agradecido a todos esos años. Lo que hizo Alcoy y el Alcoyano por mí tanto en lo profesional como en lo personal es algo que siempre llevaré conmigo. Mi casa es Elche, el Elche me dio la educación que tengo como entrenador, pero el club que me ha hecho profesional es el Alcoyano. Soy un deportivista más, sufrí mucho el descenso del año pasado y este lo sigo como un aficionado más.
– ¿Cómo ves esta etapa con una propiedad nueva?
– Es una etapa complicada, después de lo traumático que fue lo que sucedió el año pasado, lo primero que hay que hacer es agradecer a la nueva propiedad la valentía para haber dado ese paso adelante y hacerse con el club. Soy un convencido de que el Alcoyano debe estar en manos de alcoyanos. En el tema deportivo es un año difícil por dónde venimos, hay que aclimatarse a una categoría nueva, aunque sé que no es fácil por la exigencia que siempre hay en Alcoy. No sé si es momento de pedir o no calma, no me quiero meter, pero sí habría que tener la tranquilidad de que es un año de transición, aunque con la ambición que hay en Alcoy es complicado.
– ¿Entiendes que se cuestione a Fran Alcoy, un técnico con un gran bagaje en estas categorías?
– Cuando firmaron a Fran Alcoy me pareció un buen entrenador para el Alcoyano, pero sí que es verdad que en Alcoy hay una exigencia que tienes que asumir desde el momento que vas. Creo que lo más importante ahora es afianzar el club, recuperar los valores históricos y hacer un buen proyecto en lo deportivo, pero no a corto plazo, sino a medio o largo plazo. Sé que es difícil porque entiendo muy bien la manera de pensar en Alcoy y desde el primer momento te van a pedir resultados y estar en la parte alta.
– ¿Los caminos de Alcoyano y Vicente Parras son ahora distintos, pero algún día pueden volver a cruzarse e imagino que te gustaría volver a ese banquillo?
– Alcoy es mi segunda casa y casi que podría decir que la primera. Ojalá pueda volver pronto a ver partidos del Alcoyano en el Collao como aficionado y si profesionalmente se vuelve a dar la ocasión, estaría encantado. Tengo una historia que se cortó bruscamente, con más de 200 partidos y soy el tercer entrenador con más partidos dirigidos de la historia del club y me gustaría algún día poder alargar esa cifra.
– Tienes un título de Tercera División, ascensos a Segunda B y Primera Federación, aquellas históricas eliminatorias de Copa o el “Y si, sí” que siempre se te recordará. ¿Resumir más de seis años en una respuesta se queda corta?
– Al final te acabas quedando con lo positivo, con el cariño de la gente. Después de la destitución fueron muchas las personas que se interesaron y me mostraron su apoyo. Incluso hoy en día, cuando me cruzo con gente de Alcoy, me hablan con mucho cariño y es lo que para mí es más importante. En lo profesional, me quedo con haber dejado un sello de cómo hacer las cosas, de fijar objetivos, de cómo tiene que ser el Alcoyano y eso queda ahí y a mí me ha marcado mucho. El sello de Alcoy donde vaya lo voy a llevar siempre.
– Para acabar, el Teruel, tu nuevo club, un destino que imagino llegarías con dudas después de lo sucedido la temporada pasada, pero donde de momento te están saliendo las cosas a pedir de boca, con una plantilla hecha para la permanencia y que ahora figura en puestos de play-off de ascenso a Segunda. ¿Imagino que muy contento?
– Estoy muy agradecido a Teruel, a la ciudad cómo me ha acogido desde el primer momento, al club, a la junta directiva. Desde el primer instante me he sentido muy querido y respetado. Me he vuelto a reencontrar con la posibilidad de trabajar y poder hacer un equipo a tu medida y amoldarlo. Hemos tenido el acierto de haber fichado bien y se ha comenzado bien la temporada, pero la clave de este inicio pasa por el club, que es muy familiar y humilde, pero contento por reencontrarme otra vez con el fútbol y con lo mejor del fútbol.