Roger Garrido y la literatura popular subversiva
Con una mirada irreverente, humorística y crítica, el escritor contestano se ha consolidado como una de las voces más singulares del relato corto en valenciano
Ha terminado un año que ha sido redondo para Roger Garrido. Nuevos premios, reconocimientos que se acumulan y un nombre que ya empieza a sonar familiar en los palmarés de los certámenes literarios de estas provincias. No obstante, el periodista y escritor contestano relativiza su éxito con una mezcla de autoexigencia e ironía. «No creo que haya sido mi mejor año como escritor», admite, aunque reconoce que las baldas de sus estanterías están un poco más dobladas «por los kilos extra de premios» y eso «siempre es motivo de alegría».
Escribir es para él una necesidad prácticamente biológica, «un monstruo», como él mismo lo define, al que hay que alimentar. Pero un monstruo positivo y agradable. Sin ir más lejos, en 2025 volvió a ganar, por cuarta vez, el Premio de Literatura Juvenil del Ayuntamiento de Alicante con Dos almas menos en Oilville, un relato que mezcla comedia y novela negra.
Y este es un hecho que conviene destacar. En un panorama de certámenes más bien conservador, Garrido agradece la «valentía» de un jurado que no rehúye textos incómodos y en los que se habla de racismo, violencia, religión o política con humor crítico, un cóctel que suele alejar a editores y jurados. Que Alicante continúe apostando por su trabajo es, dice, «un lujo».
Esta mezcla de géneros es un aspecto en el que Roger Garrido cree firmemente. Formado como guionista, reivindica el conocimiento profundo de las reglas como paso previo para dinamitarlas. Subvertir un género, fusionarlo o llevarlo al límite implica saber qué se puede destruir y qué pilares conviene dejar intactos. Y, además, como él mismo sintetiza con un punto de irreverencia, «hacer barbaridades con los géneros siempre mola».
Garrido también ha sido finalista del Premio Pascual Enguídanos-George H. White con Una vieja canción irlandesa, una parodia del western clásico que reflexiona sobre la codicia y la violencia colectiva. Se quedó a un solo punto del primer premio, una derrota que encaja con deportividad y sarcasmo. «Estoy acostumbrado a perder, son cosas del oficio», afirma, con la convicción de que quedar finalista también es una victoria. Al fin y al cabo, la ironía, también sobre uno mismo, es una de sus herramientas narrativas más potentes.
Sacudir desde dentro
El western, la ciencia ficción o la novela policíaca forman parte de su universo creativo porque son géneros altamente codificados y cargados de convenciones que a veces «huelen a rancio» y piden una revisión urgente. En este sentido, observa ciertos avances en el reconocimiento crítico de los géneros populares, pero considera que todavía queda mucho camino por recorrer.
Roger Garrido defiende la innovación a partir de la tradición y confiesa una clara predilección por la novela negra, siempre filtrada por la parodia. De hecho, cree que este género, la parodia, es el más subversivo de todos, porque permite destruir el establishment utilizando sus propios códigos. El humor, además, actúa como una «vaselina» que facilita la entrada de la crítica social.
En el relato corto, su género predilecto, Garrido tiene claro el método: empezar por el final. Influido por maestros como Roald Dahl o Chéjov, concibe el cuento como una estructura que debe golpear al lector en la última línea.
La falta de tiempo lo ha alejado, de momento, de la novela, aunque ideas no le faltan: terror rural en Tabarca, sátiras políticas ambientadas en el siglo XVIII o una revisión crítica de la Transición valenciana duermen en el cajón, a la espera de que alguna se imponga a las demás.
Arraigado en Cocentaina y vinculado profesionalmente a Alcoy y las comarcas, Garrido reconoce que el territorio marca profundamente su mirada. El cariño y la crítica conviven en una relación indisociable que alimenta su narrativa. Sus personajes, ciudades y conflictos tienen mucho de los lugares y de la gente que lo rodean.
A todo ello se suma una sólida trayectoria teatral como actor y dramaturgo. Si la escritura es un acto solitario y lleno de inseguridades, el teatro le ofrece la compañía del trabajo colectivo y la recompensa inmediata del resultado.
Escribir, en cualquier caso, sigue siendo para él una forma de jugar, de construir castillos para, a continuación, derribarlos. Y en ese juego, Roger Garrido ha encontrado una voz propia, incómoda y necesaria.