Techos de hormigón, sueños de papel
La noticia ha caído como un bálsamo necesario sobre el asfalto de nuestra ciudad: el Gobierno central impulsará hasta 140 nuevas viviendas en la Colonia de Aviación. Es, sin duda, una victoria de la política útil, esa que se mancha las manos con planos y presupuestos para dar respuesta a una necesidad primaria. Sí, llega con retraso pero cuando las administraciones ejecutan con acierto, los resultados llegan, y ver que un espacio emblemático de Alcoy se encamina a dar cobijo a nuevas familias es para celebrarlo. Sin embargo, tras el brindis por los cimientos, toca hablar de las grietas y ponerse manos a la obra.
Porque seamos realistas: 140 llaves no abren todas las puertas de un problema sistémico. Mientras los sueldos en nuestras comarcas sigan instalados en la precariedad y los precios de los alquileres continúen su escalada hacia el absurdo, cualquier iniciativa pública parecerá un oasis en mitad del desierto. Y aquí conviene ser valientes en el análisis, porque la culpa no es solo de “papá Estado”. Existe una responsabilidad compartida con propietarios y fondos de inversión que han convertido el derecho constitucional a la vivienda en un tablero de Monopoly donde curiosamente siempre ganan los mismos.
La juventud alcoyana se encuentra hoy en una encrucijada perversa. Se nos empuja a una deriva donde la única opción es hipotecar la existencia a 40 años —una condena de vida, más que un préstamo— o ver cómo la mitad de la nómina desaparece en un alquiler que no deja margen para respirar ni protegerse ante un imprevisto. Es imposible proyectar una familia, una evolución personal o simplemente una estabilidad emocional cuando es tu propio hogar el que te “desangra” mes a mes.
Los jóvenes de Alcoy queremos crecer aquí, queremos tener hijos en esta ciudad de puentes y barrancos, y queremos evolucionar sin que el código postal sea una soga al cuello. La Colonia de Aviación es un paso excelente, pero el mercado necesita más que parches: necesita humanidad. Porque de nada sirve construir paredes si dentro de ellas no se puede construir un futuro digno. No queremos ser inquilinos de nuestra propia vida; queremos, sencillamente, poder vivirla.
JORDI PASCUAL. Periodista
