¡Ayatollah, no me toques la pirola!

Sólo vine a comprar pan

a mí todo me sale mal

sólo vine a comprar pan

y me enseñasteis el Corán.

¡Ayatollah, no me toques la pirola!

SINIESTRO TOTAL.

“¡Ojalá todos los hombres recuerden que son hermanos!”

Tratado sobre la tolerancia.
-* VOLTAIRE.

Una vez más, tengo que desechar el folio que llevo escrito por una razón de peso. Y es que no tengo cuerpo para hablar sobre las rebajas —que era mi tema elegido— después de lo acontecido en Francia.

Doce muertos. Doce padres, hijos, hermanos, esposos, amigos…
Procuro —quizá no siempre lo consigo— no añadir más crispación de la necesaria en mis artículos. En esta ocasión me es especialmente difícil. ¿Cómo suavizar un tema tan trágico? Pues… con mucho cariño, con mucha rabia también y… ¡por narices!, porque a los radicales no les gusta el humor, pero nosotros no somos fundamentalistas, ¿verdad? También con ayuda de la música… ¡bendita música! Aunque venga de un grupo que en sus tiempos se consideraba radical. ¿Radical? ¿Comparado con qué?

Estoy hablando del grupo vigués Siniestro Total, que en 1982 (cuando el mundial de España) estrenaron la canción que me sirve de título para este artículo. Por aquel entonces en nuestro país no se hablaba de “guerras santas”. Más bien había rifirrafes entre distintas “movidas”. La madrileña, catalana, gallega o valenciana. (Ahora que lo pienso… la expresión “guerra santa” está formada por palabras antagónicas, como “rebajas caras”, “blanco sucio” o “Willy Toledo bien nacido”)

Siniestro Total nos escandalizaba con sus muestras de punk rock. Era un grupo que tenía que escuchar con auriculares, para evitar que sus soflamas llegaran a oídos de mi madre. Sus canciones tenían títulos tan expresivos como “Matar jipis en las Cíes” o “¿Qué tal, homosexual?”. Y mi madre era muy capaz de castigarme sin salir por escuchar aquello, ¡ya andaba mosca con “La bola de cristal”…!
Mi madre no era…, digamos que tibia. En casa había una serie de normas que se tenían que cumplir, y pueden ustedes subrayar, poner en cursiva y hasta en negrita la palabra “tenían”. Yo, como hija, podía opinar —de hecho no hacía otra cosa, fui una adolescente insufrible— pero tenía que rebatir sus normas con criterio y ahí estaba el truco. ¡No tenía criterio, tenía 14, 15, 16, 17 años! Por ese motivo, yo andaba enfadada con ella, prácticamente todo el tiempo, pero nunca le agradeceré bastante que no se mostrara débil, que no tuviera dos caras, que no jugara a ser mi amiga…, sobre todo esto último.
Por aquel tiempo las cosas eran bastante diferentes a las de ahora. Para empezar, la música la escuchábamos en cintas cassette, en unos reproductores enormes que no nos importaba llevar de aquí para allá, como si fueran portátiles. Es como si ahora nos llevásemos el microondas del trabajo a casa para calentarnos el café.

Además, uno de los políticos mejor valorados, D. Enrique Tierno Galván, el llamado viejo profesor, alcalde de la movida madrileña soltó la famosa frase: “Rockeros: el que no esté colocado que se coloque, y al loro”. Y con lo de colocarse no se refería a ponerse en buena posición para ver un concierto.

Anda que si eso, o algo parecido lo dice Rajoy el de “los chuches”…
Entonces… ¿hemos avanzado en el tema de las libertades? ¿O es una ilusión, un espejismo del que, triste y abruptamente estamos despertando?

Todo esto viene a cuento del atentado sufrido por la revista de humor político Charlie Hebdo. Parece que en la actualidad, todo se puede decir. Nos burlamos del Rey, del Papa y del mismo Dios. Las monjas son tertulianas de Cuatro TV y, entre maitines y vísperas, tienen tiempo de cocinar ante las cámaras y hacerles cucamonas a políticos de pelo graso. Pero que nadie haga una broma del profeta.

Los Yihadistas ponen límites a la libertad de expresión, en sus países y en los nuestros, y a mí, qué quieren que les diga, a mí me repugna.
Me refiero a los totalitarios; a los que consideran que quienes no piensan como ellos son el mismo diablo; a los que hacen de su religión, su guerra; a los que lapidan mujeres, decapitan periodistas, masacran cristianos; ensartan en palos las cabezas de los niños y violan a sus madres.

Por eso, para huir del horror, he querido recordar esta canción, que en los ochenta molestaba a los adultos por la expresión “no me toques la pirola” y que hoy, los medios pensarían si poner o no, porque cualquier cosa que haga referencia al Islam se coge con pinzas.

Y no sé por qué, supongo que porque la mente va por libre, me he acordado también de un personaje de los años cincuenta; Emilio el Moro, que creó un tipo de humor nuevo que le llevó a ser una de las primeras figuras entre los humoristas españoles, versionando los éxitos musicales de la época, aflamencándolos y parodiando sus letras. Siempre actuaba acompañado de su guitarra, vestido con chilaba, calzado con babuchas y tocado con un fez, y me da la sensación de que, por ese absurdo motivo, podría haberse convertido en un objetivo para Al qaeda, si (como ahora) hubieran dispuesto de una cúpula en España.

Voy concluyendo. Creemos vivir en un estado de democracia, pero es una falacia. La ley, no es igual para todos y nuestra “madre”, mira más y mejor por los hijos de los vecinos, que por los suyos propios, en un enconado empeño de ser más “amiga” que otra cosa.

En un país aconfesional, como es el nuestro, los católicos —que somos mayoría— hemos respetado, y tolerado (tolerancia, tolerancia), que se retiren los crucifijos de los colegios. Pero ellas van allí con sus pañuelos, que no son otra cosa que un desafío a nuestras costumbres y un signo de la intolerancia que predican. En muchos (colegios), han eliminado la carne de cerdo del menú, para ¿limar asperezas?, ¿evitar susceptibilidades? ¿O por intereses que se nos escapan? En otros, este año no han cantado villancicos en los que se hagan referencias cristianas, ni Jesusito, ni virgen María, ni S. José, ni espíritu Santo. (A la mula y el buey los están estudiando) Pero captan a jóvenes en sus Mezquitas, en esas que han edificado, a la espera de conquistar nuestros templos y reconvertirlos

¡Venga ya, hombre! ¡Basta, basta ya! Estos fanáticos deben ser vigilados, perseguidos y combatidos, porque tenemos un problema real y gordo.

No podemos ser tibios ¡Ellos no lo son!

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